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UNFPA: El Precio Desproporcionado que Pagan las Mujeres y las Adolescentes

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(06 de enero de 2016).- "Comencé a trabajar como partera hace 37 años", dice Neida Waitotó, 1 de las 4 comadronas de Docordó, una comunidad ribereña de unos 1.200 habitantes, en su mayoría afrodescendientes, situada en una zona remota de la selva colombiana, a 2 horas en barco desde la ciudad más cercana.

"En 1978 vinieron las monjas, nos enseñaron el oficio de partera y nos entregaron material". "Desde entonces continúa, las comadronas de Docordó han seguido recibiendo capacitación, pero ningún equipo nuevo". Aun así, han logrado que en el transcurso de estos años nacieran cientos de bebés de forma segura. "Y ninguna de las madres murió", añade Waitotó, quien, hace una semana, asistió un parto de gemelos.

Las comadronas son esenciales para la supervivencia de las mujeres y los bebés de Docordó y de decenas de otras comunidades colombianas remotas carentes de servicios de salud públicos, no solo por razones geográficas, sino también debido a los conflictos armados y la violencia que asolan grandes extensiones del país desde hace más de 50 años. Hasta ahora el conflicto ha desplazado a unos 7 millones de personas. Nueve de cada 10 desplazados pertenecen a grupos indígenas.

Los agentes no estatales incluidos las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el Ejército de Liberación Nacional (ELN), los paramilitares y los grupos involucrados en el crimen organizado y las Fuerzas Militares de Colombia mantienen enfrentamientos desde hace varios decenios, de modo que numerosas comunidades han quedado literalmente atrapadas en el fuego cruzado y muchas otras a merced de la coerción, la explotación, la intimidación y los abusos.

Los combates y la violencia han impuesto una pesada carga económica sobre las comunidades de varias provincias o "departamentos", como Chocó, donde se encuentra Docordó, lo cual ha ocasionado y exacerbado la pobreza y el subdesarrollo de la región. Cuatro de cada 5 personas de Chocó viven en la pobreza extrema.

La mortalidad materna es más elevada en las zonas de conflicto

Los conflictos y la violencia ,así como el aislamiento derivado, también han perjudicado en gran medida la salud de las mujeres. Las muertes maternas son casi ocho veces mayores en las comunidades donde hay presencia de grupos armados. Otros indicadores de salud muestran también las repercusiones negativas que los problemas de seguridad tienen en la salud sexual y reproductiva de sus habitantes: las muertes por el VIH y el sida triplican la tasa nacional, y la cifra de embarazos de las adolescentes menores de 15 años duplica la de otras partes del país.

Waitotó dice que en Docordó algunos partos son demasiado complicados para que ellas los atiendan solas. La intervención de un médico salvaría muchas vidas, pero, debido al problema de seguridad y el aislamiento extremo de la zona, la comunidad por lo general no dispone de servicios médicos. «Los médicos, cuando vienen, no se quedan mucho tiempo», dice. Recientemente, la comunidad pasó cuatro meses sin ningún facultativo o profesional de la medicina.

Eso significa que algunas mujeres tienen que viajar horas en barco hasta un hospital de Buenaventura, a un costo prohibitivo para la mayoría. Y si las complicaciones se presentan por la noche, ni siquiera existe la opción de trasladarse a un hospital, debido a la inseguridad que impera después del anochecer. Los medicamentos que pueden ayudar a salvar a la madre y al bebé por lo general no se consiguen, y lo mismo ocurría antes de que el puesto sanitario local cerrara por falta de recursos.

María Estela Ibargüen es otra de las comadronas de Docordó. Ella y Waitotó se prestaron asistencia mutua en sus partos. A María Estela le preocupa que las comadronas de la comunidad estén envejeciendo y no haya jóvenes que las reemplacen. "¿Qué futuro nos espera cuando la vieja generación ya no esté?".

Los problemas de salud de las mujeres son aún más preocupantes justo al otro lado del río, en Unión Balsalito, una comunidad indígena guanana de unos 360 habitantes. Allí, las comadronas emplean métodos tradicionales para asistir el parto, pero carecen de los suministros más básicos, como guantes de goma.

A las mujeres de Unión Balsalito les resulta particularmente difícil acceder a los servicios, incluso a los de Buenaventura: la mayoría no hablan español y tienen aún menos recursos que sus vecinas de la orilla opuesta del río. En algunos casos, incluso, las que han podido viajar a un centro urbano se han topado con la discriminación de quienes prestan los servicios de salud.

El Gobierno despliega brigadas de salud itinerantes en todo el país para proporcionar servicios básicos a los pobres y marginados en lugares como Docordó. Pero los problemas de seguridad de muchas regiones les impiden llegar a gran parte de las comunidades más necesitadas.

Por lo general, el acceso a los suministros, medicamentos y servicios, incluida la atención obstétrica de urgencia y la planificación familiar, está bloqueado debido a los conflictos y la violencia, o a causa de desastres naturales, en especial las inundaciones y deslizamientos de tierra de esta zona, que registra un promedio de 10.000 mm de lluvia anuales.

Se calcula que, solo en los 6 primeros meses de 2015, 2 millones de personas «sufrieron restricciones de acceso o de movilidad» como resultado de «122 episodios relacionados con acciones armadas, desastres naturales o protestas masivas», según las Naciones Unidas.

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