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Residentes de Mosul se enfrentan a una lucha por la sobrevivencia

Foto: ACNUR/Ivor Prickett
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(29 de diciembre de 2016).- Cuando los combates encerraron su vecindario en Mosul, el hermano de Nashwan, padre de tres, le advirtió que era hora de irse. Horas más tarde, el hogar de su familia fue parcialmente destruido.

"Mi hermano me salvó", dijo Nashwan, parado fuera de su hogar temporal en la ciudad devastada por la guerra, donde se alberga junto con 40 miembros de su familia extendida, la mayoría niños, quienes se reúnen a su alrededor mientras habla.

La familia se apuña en solo tres habitaciones de la casa, la cual le pertenece a un pariente que huyó anteriormente del avance de las fuerzas iraquíes para retomar la segunda ciudad más grande. Desde entonces, Nashwan ha regresado dos veces a su antiguo hogar para inspeccionar los daños y recoger algunas pertenencias.

"Cuando entré a la casa me sentí triste. Pero después de un momento pensé: "Gracias a Dios pude escapar. Si nos hubiéramos quedado allí, nos hubieran asesinado", expresó.

La familia continúa dentro del rango del fuego de la artillería, mientras que la batalla por la ciudad se recrudece. Y a medida que las temperaturas en Mosul descienden drásticamente, ellos viven sin agua potable, comida suficiente ni electricidad.

"Cuando huimos no pudimos ni siquiera tomar nuestra ropa, lo más importante para nosotros era la comida y el agua", agregó. Antes de la ofensiva, había estado trabajando como taxista para mantener a sus familiares, que están desempleados.

Hasta ahora, más de 108.000 iraquíes han huido de Mosul desde que comenzó la lucha para recuperar la ciudad de los extremistas el 17 de octubre, con la mayoría de personas buscando albergue en los campamentos operados por el gobierno y la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Pero miles de familias como la de Nashwan siguen desplazadas dentro de Mosul, o han regresado a la ciudad a pesar de la continua batalla. Se ven obligados a encontrar cualquier albergue que puedan utilizar en las zonas periféricas de la ciudad tan lejos de la lucha como sea posible.

Muchos corren el riesgo de morir a causa de las rondas de mortero y permanecen en casas baleadas que han sido abandonadas por otras familias. No pueden regresar a sus hogares, ya que han sido destruidos o se encuentran en zonas donde la lucha es aún más intensa.

"A medida que la situación de seguridad continúa deteriorándose, es vital que a los civiles que aún permanecen en Mosul no se les impida salir de la ciudad y se les permita el acceso a la seguridad", dijo el representante de ACNUR en Irak, Bruno Geddo.

"Los civiles en Mosul se enfrentan a una dura elección. Si se quedan, arriesgan sufrir hambre y verse atrapados en el fuego cruzado. Si huyen, corren el riesgo de ser asesinados por francotiradores o minas terrestres", agregó.

A medida que las temperaturas nocturnas caen cerca de la congelación, los desplazados dentro de Mosul necesitan desesperadamente alimentos, agua limpia, mantas, ropa y queroseno para la calefacción.

ACNUR ha intensificado las distribuciones de invierno en partes de Mosul, entregando a los necesitados 53.536 mantas y edredones térmicos en las últimas semanas.

Nashwan dijo que quiere regresar a casa, pero no puede, ya que la lucha continúa. Además, los artículos esenciales como medicinas para los miembros de la familia con condiciones como la diabetes y la presión arterial alta no están disponibles cerca de las líneas de frente. La semana pasada, recibió dos paquetes de mantas térmicas y colchones de una organización socia de ACNUR.

"Necesitamos esto. Tenemos mucho faltante en cuanto a mantas y colchones, tenemos a tres personas durmiendo bajo una manta. Huimos solo con nuestras almas cuando comenzaron las explosiones y los disparos. Nos fuimos tan rápido que no hubo tiempo para preparar nada. Hemos huido incluso sin nuestros zapatos", dijo.

Faiza Abed, de 30 años, caminó durante una hora para llegar a una distribución de ACNUR desde su vecindario de Mosul, donde vive en un edificio abandonado. "Vine a buscar las mantas, tengo un hijo discapacitado y nuestra situación es mala, no tenemos nada con que cubrirnos", dijo.

Su familia se mudó al este de Mosul con sus 20 ovejas hace dos años, después de que grupos armados tomaran el control de su pueblo y todo el trabajo se agotara.

Durante los combates, cavó un agujero en el suelo dentro de la casa para refugiarse con su hijo. "Nos asustamos mucho. Hicimos el agujero para poder escondernos".

Con información de ACNUR