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Un bono para reconstruir el hogar en Ecuador tras el terremoto

Foto: ACNUR/Sonia Aguilar
ACNUR Ecuador.jpg (22 de diciembre de 2016).- Desde La Colectiva, en lo alto de una loma, se ve el perfil de la ciudad costera de Esmeraldas, en el Pacífico ecuatoriano. En una de sus zonas, María había construido su casa de madera. Una casa que no resistió el embate de la naturaleza.

"A pesar de que nos decían que era una zona de riesgo, todo el mundo construía en esa zona del barrio. Un vecino nos prestó un trocito de tierra, y yo y mi esposo construimos allí nuestro hogar", relata esta mujer refugiada de 31 años que en 2012 debió dejar su natal Tumaco - departamento de Nariño, Colombia - y buscó seguridad en Ecuador.

Para María, a pesar de las precarias condiciones de vida que enfrentaba a causa del difícil acceso a la loma, y los escasos servicios básicos, era importante tener una casa propia. Un hogar que se fue con el terremoto que afectó la costa occidental de Ecuador el pasado mes de abril.

"El día del terremoto estaba en el parque trabajando, vendiendo jugos. Cuando todo comenzó, corrí, y me abracé a una mujer. Lloraba por mi sobrino que me esperaba solo en la casa; lloraba por mi esposo que no sabía donde estaba".

María, como unas 80.000 personas, entre ellas 400 personas refugiadas y solicitantes de asilo en Ecuador, se vio afectada por el terremoto de 7.8 grados que dejó el 16 de abril cerca de 700 muertos en las provincias de Esmeraldas y Manabí. Y por las réplicas que desde entonces no han cesado, algunas de magnitud 6.5.

"Mi casa resistió al primer terremoto, el de abril. Pero las réplicas del mes de mayo la dejaron muy afectada. Entonces, fuimos al albergue, donde hemos estado unos cinco meses", relata la mujer quien añade: "Convivir con personas que uno no conoce da muchas experiencias. No es fácil, pero uno aprende a valorar lo que tiene y a esforzarse aún más".

Después de casi cinco meses en uno de los albergues establecidos por el Estado ecuatoriano para acoger a las miles de personas que perdieron sus hogares por la catástrofe, María y su familia ahora pueden arrendar una casa. Gracias al programa de ayudas otorgadas por el Estado a las familias afectadas, el bono de arriendo va a permitir cubrir los costes de alquiler durante seis meses.

A su vez, con el apoyo de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y la organización HIAS, gracias a la financiación del Departamento de Ayuda Humanitaria y Protección Civil de la Comisión Europea (ECHO), María y su familia además forman parte del Modelo de Graduación, un innovador programa para apoyar a la población refugiada en situación de extrema pobreza. Con el deseo de favorecer que estos hogares alcancen la autonomía económica, María al igual que otras 1.500 familias, recibe acompañamiento constante, transferencias en efectivo para apoyar el consumo básico, y orientación en el ahorro y el acceso a fuentes de empleo por cuenta ajena o propia.

En palabras de María Clara Martín, Representante del ACNUR en Ecuador, "El terremoto tuvo un enorme impacto humanitario en Ecuador, afectando a miles de familias, algunas de ellas de personas refugiadas. A pesar de la catástrofe, ha representado una oportunidad para mejorar las condiciones de vida en la zona. En este sentido, desde el ACNUR, gracias al apoyo de instituciones como ECHO, hemos apoyado los esfuerzos de la reconstrucción, que esperamos pueda llegar a ofrecer una seguridad sostenible para toda la población, incluyendo a las personas refugiadas".

En el marco de este esfuerzo conjunto para favorecer la respuesta humanitaria y reconstrucción desde un enfoque de protección, ACNUR ha desarrollado una estrecha colaboración con instancias del Estado, como los Ministerios Coordinador de Desarrollo Social y de Inclusión Económica y Social, para favorecer que la población más vulnerable pueda acceder a los mecanismos y programas desarrollados.

Desde su casa arrendada, ahora de ladrillo y no de madera, María sigue esperando poder construir su propia casa. Y, quien sabe, quizá estudiar algún día para llegar a ser enfermera.

"En Tumaco uno veía como mataban a la gente, a su alrededor. Y no se podía decir nada, ni siquiera podías mantener la puerta abierta", añade esta mujer que a pesar de las dificultades vividas reconoce la oportunidad que el Ecuador le brinda. "Aquí me siento tranquila. Y, aunque la zozobra es grande debido a los temblores que no cesan, yo doy gracias porque aún sigo viva. Y tengo planes para el futuro".

Con información de ACNUR Ecuador