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Red solidaria de voluntarios atiende a migrantes y refugiados en las fronteras

Foto: ACNUR/Tito Herrera
csm_12.2016.05_Andrés_Guatemala_cefa426c22.jpg (07 de diciembre de 2016).- En una choza pequeña con paredes de madera sin lijar y techo de lámina que apenas deja pasar la luz, vive Andrés, un joven guatemalteco con una larga tradición de brindar ayuda humanitaria. Desde hace ocho años pone a disposición su casa, la cual cuenta con una sola habitación, y brinda comida a las personas que huyen de su propio país para salvar sus vidas.

Andrés, firme seguidor de los principios de la religión católica, colabora como voluntario con Pastoral Social, un socio de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, en la Casa Migrante de Santa Elena, en Guatemala. Esta Casa y sus voluntarios forman parte de una red nacional de albergues y centros que brindan información, asistencia humanitaria básica y hospedaje.

"Me tomó un tiempo convencer a las autoridades migratorias y a la comunidad local de que solo estaba ayudando a la gente sin pedir nada más", cuenta Andrés. El trabajo no siempre es fácil y en distintas ocasiones, grupos criminales locales se han acercado a su casa amenazándolo a él y a su familia para que acabe con esta asistencia, y que trabaje para ellos como informante.

Andrés es mecánico y electricista de profesión, y mantiene una tienda de comida y distintos artículos, que maneja con la ayuda de su esposa. Los recursos económicos no abundan, pero su generosidad y solidaridad con las personas desesperadas que llegan con lo que cabe en una pequeña mochila, es un ejemplo único de humanidad.

El paso fronterizo del Ceibo y sus alrededores se han convertido en los últimos dos años en una concurrida ruta de migrantes en ambos lados de la frontera. "El flujo ha aumentado, es por ello que desde ACNUR hemos incrementado nuestra presencia en el Departamento de Petén, mediante la apertura de una oficina el pasado mes de septiembre, lo que nos permite llevar a cabo un monitoreo de frontera de forma más sistemática y regular para identificar personas con necesidad de protección internacional", afirma el jefe de la oficina de ACNUR Guatemala, Enrique Valles.

Los esfuerzos de Andrés han servido de ejemplo a otros voluntarios de la comunidad. "Así sumando los esfuerzos locales, tenemos más camas para hospedar a familias enteras que están huyendo de países donde no pueden estar tranquilos y que cargan las heridas de los grupos criminales", dijo Andrés.

En lo que va de 2016, los 3 voluntarios han atendido a casi 1.000 personas en su propia casa y en una capilla de la iglesia. De este número, 80 casos han solicitado la condición de refugiado gracias a la información proporcionada por la red y voluntarios como Andrés, y por el hecho de haber referido a las personas a los distintos albergues para refugiados y migrantes o al Instituto Nacional de Migración de México.

Para responder a esta grave situación humanitaria, el ACNUR está apoyando la construcción de un albergue en El Ceibo con capacidad para 16 personas que será gestionado por los 3 voluntarios y la Pastoral Social.

Los niños, adolescentes y adultos que conocen a Andrés suelen contarle las razones de su exilio durante los 4 o 5 días que se quedan en su casa. Suelen se historias dramáticas de extorsiones, reclutamientos forzosos, secuestros, abusos sexuales, despojos de tierra por grandes compañías mineras y agrícolas, entre otros. Estas formas de presionar han causado desalojos y el desplazamiento de cientos de familias, ya sea dentro o fuera de las fronteras de Guatemala. En la ruta migratoria, la violencia también está presente. Muchas personas en tránsito relatan a Andrés que fueron despojados de las pertenencias que llevaban con ellos para sobrevivir los primeros días del viaje, mientras que otros fueron golpeados y algunas mujeres han sido violadas o víctimas de tráfico.

Aunque los caminos para salir de los países de Honduras, El Salvador y Guatemala, región mejor conocida como el Triángulo Norte de Centroamérica, son caminos de selva, de parajes inhóspitos o zonas controladas por la delincuencia especialmente en zona fronteriza, el número de personas que solicitan asilo en México, Panamá, Costa Rica, Belice y Estados Unidos ha aumentado, siendo la mayoría hondureños y salvadoreños.

A junio de 2016, el número de refugiados y solicitantes de asilo del Triángulo Norte alcanzó los 138.000; lo que representa un incremento del 70% en 12 meses. ACNUR ha elaborado una amplia estrategia regional para atender las necesidades de protección de las personas desplazadas y refugiadas, trabajando en estrecha colaboración con los gobiernos y socios para apoyar a los países y comunidades afectadas, fortaleciendo los sistemas de asilo y promoviendo soluciones duraderas.

El pasado 21 de noviembre, La Agencia de la ONU para los Refugiados y el Ministerio de Relaciones Exteriores de Guatemala firmaron una Carta de Entendimiento en el marco del trabajo conjunto para fortalecer el sistema de asilo y protección en el país.