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Prevención es crucial para reducir crimen y violencia en América Latina

Foto: Banco Mundial
jovenes Banco Mundial.JPG (07 de febrero de 2017).- Para hacer frente al prominente y costoso problema del crimen y la violencia, América Latina y el Caribe necesita aumentar los esfuerzos de prevención basados en una comprensión más clara de sus causas y de aquellas políticas que han demostrado su eficacia para combatir este problema, según un nuevo informe del Banco Mundial presentado este martes.

El informe Fin a la violencia en América Latina: una mirada a la prevención desde la infancia hasta la edad adulta, afirma que la violencia sigue siendo un reto importante para la región, a pesar de los importantes logros económicos y sociales experimentados por la región durante la última década.

Entre 2003 y 2011, la región mantuvo la indeseable distinción de ser la más violenta del mundo, con 23,9 homicidios por cada 100.000 habitantes. La tasa de homicidios de hecho se aceleró durante la segunda mitad de la década.

Cada 15 minutos, al menos cuatro personas son víctimas de homicidio en América Latina y el Caribe. En 2013, de las 50 ciudades más violentas del mundo, 42 se encontraban en la región.

Entre 2005 y 2012 la tasa de crecimiento anual de los homicidios fue tres veces más elevada que la de crecimiento poblacional.

"No es de extrañar que el número de latinoamericanos que mencionan al delito como su mayor preocupación se haya triplicado en estos años. La violencia hace que las personas se retraigan, se oculten detrás de sus puertas y eviten los espacios públicos, debilitando los lazos interpersonales y sociales que nos unen como comunidad", afirmó Jorge Familiar, Vicepresidente Región de América Latina y el Caribe Grupo Banco Mundial.

Por mucho tiempo, comentó, la lógica parecía irrefutable: el crimen y la violencia históricamente se creían síntomas de las fases iniciales del desarrollo de un país que se podían "curar" con crecimiento económico y reducciones de la pobreza, desempleo y desigualdad.

No obstante, esta comprensión cambió, indicó Familiar, puesto que ahora los estudios muestran que el desarrollo no necesariamente brinda mayor seguridad en las calles.

Recordó que entre 2003 y 2011, el crecimiento regional anual promedio en América Latina y el Caribe, excluyendo la crisis mundial de 2009, alcanzó casi 5%. Más aún, la tasa de crecimiento entre el 40% más pobre de la población eclipsó a la del mismo grupo en todas las demás regiones del mundo.

Durante esa misma década, la región experimentó avances económicos y sociales sin precedentes: la pobreza extrema se redujo a menos de la mitad, llegando a 11,5%; la desigualdad en el ingreso se redujo más de 7% en el índice de Gini; y, por primera vez en la historia, la región contó con más personas de clase media que viviendo en la pobreza.

Pero la violencia y el crimen se mantuvieron en los mismos niveles durante ese mismo periodo, a pesar de estos avances logrados en la región en materia de desarrollo.

"Los altos niveles de crimen y violencia tienen un alto costo en vidas humanas y lastiman el desarrollo. Para tener éxito, la región necesita construir un tejido social más inclusivo y con mayor igualdad de oportunidades, así como implementar políticas de prevención que hayan funcionado en disminuir la violencia, tales como la reducción de las tasas de deserción escolar y el aumento de empleo juvenil de calidad", expuso Jorge Familiar.

Según el informe, la inseguridad es el resultado de muchos factores, entre ellos: el tráfico de drogas y el crimen organizado; los débiles sistemas judiciales y de cumplimiento de la ley que fomentan la impunidad; la falta de oportunidades y apoyo para jóvenes que viven en comunidades desfavorecidas.

Asimismo, señala que el crimen y la violencia están altamente concentrados en zonas geográficas específicas de barrios y ciudades, por lo que no todos los países, ciudades o comunidades de la región sufren los mismos niveles de violencia.

El informe subraya que no hay "fórmula mágica o política única" para solucionar el problema y enfatiza que basarse sólo en una mayor acción policial o una mayor encarcelación no es suficiente. Una combinación bien enfocada de iniciativas puede desempeñar un papel importante en la prevención de actos violentos y conductas delictivas.

Una conclusión central del estudio es que nunca es demasiado temprano ni demasiado tarde para que la prevención funcione.

Si bien los enfoques a largo plazo de la prevención pueden comenzar antes del nacimiento y brindar beneficios en la adolescencia y en la edad adulta, programas de política eficaces con horizontes a más corto plazo también están disponibles más adelante en la vida de las personas. Estos incluyen inversiones en programas de educación, programas de comportamiento y destrezas sociales, y esfuerzos de reducción de la pobreza bien enfocados, entre otros.

El estudio destaca cómo una serie de políticas no específicamente diseñadas para prevenir la delincuencia tienen beneficios sustanciales de prevención del crimen (por ejemplo, programas de desarrollo de la primera infancia, educativos y de reducción de la pobreza). Por lo tanto, la prevención, a un costo eficiente, puede lograrse rediseñando y repensando políticas existentes a través de un lente de prevención del crimen.

Algunos ejemplos de programas que funcionan bien incluyen visitas de enfermeras a domicilio e iniciativas para el desarrollo de la primera infancia, las cuales han demostrado reducir la probabilidad de que los niños huyan de casa, sean arrestados o condenados por un crimen.

La mayoría de las reducciones considerables y persistentes, tanto en delitos violentos como en delitos contra la propiedad, también se han vinculado a políticas que desalientan a los jóvenes a abandonar la escuela secundaria.

El informe encuentra que incluso las políticas de salud deben ser consideradas para prevenir y "tratar" la delincuencia, la violencia y la agresión. Tanto una mejor nutrición como tratamientos de salud mental pueden ofrecer resultados prometedores.

También reconoce que la eficacia de muchas de estas políticas preventivas depende en gran medida de la capacidad institucional para implementarlas. La prevención del delito puede ser claramente más exitosa en un contexto en el que la población confía en instituciones como la policía o el sistema judicial.

El informe completo se puede consultar aquí.