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Los marginados del planeta no están incluidos en las prioridades de desarrollo

Foto: PNUD Perú
UNDP-PE-indigenous-peoples-Amazon-forest-Goal13-Goal2-17.jpg (21 de marzo de 2017).- A pesar del importante avance alcanzado en desarrollo humano en los últimos 25 años, una de cada tres personas en el mundo sigue viviendo en bajos niveles de desarrollo humano, indicó un nuevo informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publicado este martes.

"El mundo ha recorrido un largo camino en la reducción de la pobreza extrema, la mejora del acceso a la educación, la salud y el saneamiento, y la ampliación de las posibilidades para las mujeres y las niñas. Sin embargo, estos avances son el preludio del siguiente desafío, posiblemente más difícil, el de velar por que los beneficios del progreso mundial lleguen a todas las personas", señaló Helen Clark, Administradora del PNUD.

De acuerdo con el Índice de Desarrollo Humano 2016, los países desarrollados también se enfrentan a problemas de pobreza y exclusión, puesto que más 300 millones de personas viven en situación de pobreza relativa, incluida más de un tercio de la población infantil.

Noruega sigue siendo el país más desarrollado del mundo y el promedio de vida en Suazilandia es de 48,9 años, 35 menos que en Hong Kong, donde viven los más longevos del planeta.

El mundo ha superado desafíos que parecían intimidatorios hace 25 años, con más de 2.000 millones de personas fuera de la pobreza y, sin embargo, casi 800 millones subsisten hoy con menos de 2 dólares diarios.

Según el Informe, América Latina y el Caribe disfruta de elevados niveles de desarrollo humano entre las regiones en desarrollo, sólo detrás de Europa y Asia Central. Sin embargo, cuando se ajusta por la desigualdad, el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de la región se reduce casi un 25% debido a la distribución inequitativa del progreso en desarrollo humano, en particular respecto de los ingresos.

Mujeres e indígenas

El documento también muestra que determinados grupos sufren desventajas sistemáticas en la región, y, en el caso de algunos, es probable que la brecha se amplíe con el tiempo, puesto que son los grupos que se ven más afectados por eventos adversos y las crisis.

Las mujeres, por ejemplo, son en general más pobres en América Latina y el Caribe. Al respecto, el Informe señala que las mujeres también han sido tradicionalmente desfavorecidas porque asumen la mayor parte del trabajo de cuidados no remunerado, lo que les deja poco tiempo para desarrollar una carrera profesional e incorporarse al mercado laboral.

Las mujeres solo ocupan el 28% de los escaños parlamentarios en la región, y conforman únicamente el 37% de los legisladores y altos funcionarios.

"Este Informe muestra que las vulnerabilidades son acumulativas. Una mujer, rural e indígena a quien no se le reconozca el derecho a la tierra, por ejemplo, enfrentará una combinación de desventajas", dijo Jessica Faieta, Directora Regional del PNUD para América Latina y el Caribe.

"Tenemos que examinar de manera pormenorizada los promedios -- incluidos los que parecen indicar que vamos por buen camino -- para ver a quién se está dejando atrás y por qué. Y debemos considerar prioritario atender a esos grupos con el fin de garantizar el desarrollo humano para todas las personas", agregó.

El Informe también indica que muchos miembros de los más de 400 grupos indígenas de la región sufren carencias sistémicas que les hacen difícil alcanzar el nivel de los demás.

En Guatemala, los niños y niñas no indígenas van a la escuela el doble de años que sus pares indígenas. En Bolivia, Ecuador, Perú y México, los niños y niñas no indígenas cursan entre dos y tres años y medio más de estudios que los que son indígenas.

A nivel mundial, aunque los pueblos indígenas representan el 5% de la población del planeta, conforman el 15% de las personas pobres del mundo.

Otros grupos desfavorecidos examinados en el Informe son los habitantes de las zonas rurales, las personas con discapacidad y la comunidad de personas lesbianas, gais, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTI).

Seguridad

La seguridad sigue siendo un problema acuciante en América Latina y el Caribe, la región en desarrollo más urbanizada del planeta, con casi 80% de la población viviendo en zonas urbanas.
La tasa de homicidios de la región, que asciende a 21,6 por cada 100.000 personas, es 14 veces superior a la tasa más baja de Asia Oriental y el Pacífico. La región también presenta una elevada tasa de encarcelamiento: alrededor de 244 personas por cada 100.000, frente a 48 en Asia Meridional y 88 en África Subsahariana.

En diez países caribeños, el porcentaje de niños varones en edad escolar que admitieron su pertenencia a bandas se situaba entre el 17% y el 24% en 2012. Las mujeres siguen sufriendo numerosas amenazas físicas y psicológicas: en Colombia se producen alrededor de 100 ataques con ácido al año.

Según una encuesta de opinión, sólo el 40% de la población de los países de América Latina y el Caribe se siente segura. No obstante, se observan tendencias positivas que también pueden arrojar algo de luz sobre las mejoras regionales. El milagro de Medellín, la segunda ciudad más grande de Colombia, es un ejemplo de cómo un enfoque de política multidimensional puede transformar una ciudad que antes era conocida por su tasa de homicidios (380 por cada 100.000 habitantes en 1991) en un lugar próspero y agradable para vivir.

Al presentar los principales hallazgos del documento, Helen Clark señaló que no solo hay millones de personas que aún sufren carencias extremas, sino que las desventajas afectan de manera desproporcionada a ciertos grupos.

"El índice de Desarrollo Humano, como promedio, ha tenido avances indiscutibles en todas las regiones, pero cuando se hurga debajo de las cifras, queda claro que hay muchas personas que apenas se han beneficiado. Un tercio de la población mundial vive con bajos niveles de desarrollo", señaló.

Clark añadió que millones de esas personas viven en países considerados desarrollados o de ingresos medios.

Por lo tanto, la Administradora del PNUD afirmó que es hora de hacer frente a los obstáculos al desarrollo profundamente arraigados.

"Es posible erradicar la pobreza y lograr un desarrollo sostenible, pacífico y justo para todas las personas si se eliminan las normas sociales y leyes discriminatorias arraigadas y persistentes y se acaba con la desigualdad de acceso a la participación política, problemas que han impedido a tantas personas avanzar", señaló Helen Clark.