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CEPAL y UNICEF abogan por el derecho al tiempo libre en la infancia y adolescencia

Foto: CEPAL
CEPAL UNICEF boletín desafíos.JPG (09 de septiembre de 2016).- Las horas dedicadas al trabajo remunerado y a las labores domésticas limitan el derecho al esparcimiento de los adolescentes en América Latina y el Caribe, señalaron la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

Ambas agencias abogaron en un boletín conjunto por el derecho al tiempo libre en la infancia y la adolescencia en la región.

"Pese a la asociación entre el esparcimiento y el bienestar, en nuestras sociedades actuales - aceleradas, hiperconectadas, llenas de presiones y enfocadas en la productividad - este espacio imprescindible para el desarrollo sano de las niñas, niños y adolescentes se está haciendo cada vez más escaso", sostiene la publicación conjunta.

El artículo señala que el derecho al esparcimiento, entendido como un tiempo de crecimiento personal, creación, recreación y participación en la sociedad, está explícitamente mencionado en el artículo 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño (1989), ratificado por todos los países de América Latina y el Caribe.

En la publicación, la CEPAL y UNICEF indagan, específicamente, en las actividades de esparcimiento que realizan las y los adolescentes de tres países de la región con datos disponibles: Ecuador, México y Perú.

"Necesidades y cuidados personales" es la categoría que demanda en promedio la mayor cantidad de horas semanales en estos tres países. Le siguen las actividades relacionadas con el aprendizaje y la educación, a las que las mujeres y varones adolescentes dedican unas 40 horas por semana, sin que se observen brechas significativas entre ellos.

El trabajo, tanto remunerado como no remunerado, es otra actividad que ocupa una parte importante del tiempo de las y los adolescentes, lo cual preocupa a ambos organismos de las Naciones Unidas. En los tres países analizados, la edad mínima legal para trabajar son los 15 años y, por lo tanto, el trabajo realizado entre los 12 y los 15 años es considerado trabajo infantil y está prohibido. Para las actividades definidas como "las peores formas de trabajo infantil", tanto por el Convenio 182 de la OIT como por las legislaciones nacionales de los países, dicha prohibición se extiende hasta los 18 años.

El trabajo infantil no solo obstaculiza la realización de otros derechos de niñas, niños y adolescentes, sino que constituye, en sí mismo, una grave violación de sus derechos, señalan CEPAL y UNICEF.

En este ámbito, además, las diferencias por sexo se hacen patentes. Los varones dedican entre 20 y 37 horas semanales al trabajo remunerado, mientras que las mujeres entre 16 y 33 horas. En contrapartida, ellas consagran considerablemente más horas que sus pares al trabajo doméstico no remunerado, lo que evidencia que "la división sexual del trabajo entre hombres y mujeres ya está instalada en la adolescencia".

Ver televisión es la actividad que más tiempo ocupa de las horas libres tanto de los adolescentes varones como de las mujeres. Por otra parte, aquella donde existe una más amplia y consistente diferencia, a favor de ellos, es la práctica de ejercicios o de algún deporte. "Este patrón emerge de un contexto cultural que valora y premia la participación masculina en actividades deportivas, no así la de las niñas", apunta el boletín.

Finalmente, la CEPAL y UNICEF identifican algunos desafíos, entre ellos, el acceso inclusivo a las diversas actividades de recreación - muchas veces restringidas para adolescentes de familias de bajos recursos o que viven en zonas rurales - y la generación de más y mejores datos, con perspectiva holística, sobre el uso del tiempo en niños, niñas y adolescentes. De igual forma, hacen un llamado a la prevención y erradicación del trabajo infantil y del trabajo adolescente desprotegido.

La población adolescente de la región, subrayan ambos organismos, es un grupo extremadamente heterogéneo: sus experiencias, oportunidades, intereses y trayectorias están muy condicionadas por su sexo, raza/etnia, lugar de residencia y la situación socioeconómica de su familia.