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Iniciativas para reducir la inequidad son clave para convertir la educación en el motor del desarrollo sostenible

Foto cortesía de: UNESCO/Eliana Chong
41836108d1.jpg (24 de marzo de 2016).- La urgencia de reconsiderar la educación en un mundo diverso, tomando medidas para que sea accesible para todos, a lo largo de toda la vida, formando para ser productivos, seguir aprendiendo, ser creativos, vivir juntos y en armonía con la naturaleza, fue uno de los puntos resaltados por Atilio Pizarro (OREALC/UNESCO Santiago) durante su participación en el seminario "Equidad y Calidad en la Educación Superior", organizado por el Ministerio de Educación de Chile.

En el evento realizado el 18 de marzo en el Centro Patrimonial Recoleta Domínica, en Santiago de Chile, el funcionario indicó que, si bien desde el año 2000 la matrícula mundial en educación terciaria se duplicó, y que de los 200 millones de estudiantes que hay hoy en el mundo, aproximadamente la mitad son mujeres, aún persiste inequidad en el acceso.

Atilio Pizarro, jefe de la Sección de Planificación, Gestión, Monitoreo y Evaluación de la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe (OREALC/UNESCO Santiago), moderó el panel "Intervenciones multidimensionales; desde la educación secundaria hacia la universidad". Dicho espacio tuvo como objetivo conocer experiencias internacionales, identificar elementos comunes de estas iniciativas, como también lecciones aprendidas que refuercen y enriquezcan la experiencia en Chile y el Programa de Acompañamiento y Acceso Efectivo (PACE).

En dicho espacio de discusión, Pizarro aseguró que "la exclusión se exacerba por políticas y estructuras dentro de la educación superior que crean barreras para el acceso y éxito académico de los estudiantes desfavorecidos y marginados: admisión restrictiva, costos altos, ayuda financiera inadecuada y apoyo académico ineficaz para estudiantes con preparación secundaria débil. Como resultado, la educación superior reproduce y mantiene las desigualdades relacionadas con raza/etnicidad, género y antecedentes familiares", aseguró Pizarro.

Según el experto, bajo la premisa de que los talentos están igualmente distribuidos entre ricos y pobres, en todas las etnias y culturas, la UNESCO ha apoyado una serie de programas y mecanismos de acceso y permanencia en la educación superior, a través de la Cátedra UNESCO de Inclusión en la Educación Superior, en alianza con universidades chilenas comprometidas con la inclusión y la diversificación de su alumnado. Al respecto recordó "las iniciativas precursoras, como la realizada por la Universidad de Santiago de Chile (USACH), cuando en 1992 otorgó una bonificación que reconoció las notas de enseñanza media. En el año 2007, asimismo, se inició el Programa Propedéutico, el cual generó las condiciones para el compromiso gubernamental y la creación en 2014 del Programa de Acompañamiento y Acceso Efectivo (PACE) a la educación superior".

Para concluir, Pizarro también resaltó que el tema de la inequidad en la educación superior ocurre en todo el mundo y por ello es importante que las iniciativas y programas que apunten a reducirla, se conviertan en políticas de largo plazo bajo la visión de un proyecto país. Según el especialista, la UNESCO plantea la urgencia de reconsiderar la educación en un mundo caracterizado por la diversidad, pues una auténtica educación es aquella que forma los recursos humanos que se necesitan para ser productivos, seguir aprendiendo, ser creativos y vivir juntos y con la naturaleza, en armonía.

"Cuando las naciones toman medidas para que una educación así sea accesible a todos, a lo largo de toda su vida, la educación se convierte en el motor del desarrollo sostenible y la clave de un mundo mejor", aseguró.

Con información de UNESCO