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Cuba protege sus ecosistemas costeros

Foto: PNUD
Cuba costa PNUD.JPG (07 de febrero de 2017).- El archipiélago de Sabana-Gamagüey se extiende a lo largo de 465 km de la costa norte central de Cuba, desde Punta Hicacos en el oeste hasta la bahía de Nuevitas en el este.

Estas islas se ubican en el corazón del ecosistema más amplio de Sabana-Camagüey, que incluye diversos paisajes marinos vulnerables (playas de arena, praderas submarinas, arrecifes de coral y cayos); pantanos de manglares y sistemas de dunas forestadas; lagunas costeras y humedales, y demás hábitats costeros de la isla cubana.

Este ecosistema es un tesoro oculto de notable riqueza biológica que se encuentra entre los más exuberantes de Cuba y del Caribe. Tiene además gran importancia mundial, incluido un sitio del Patrimonio Mundial declarado por la UNESCO, la Reserva de la Biosfera Buenavista, y tres sistemas de humedales de enorme importancia internacional conforme a lo designado por la Convención de Ramsar sobre los Humedales. La riqueza en especies es alta, tanto en flora como en fauna; muchas de ellas no se encuentran en ningún otro lugar del planeta.

Otro elemento vital de la riqueza de estos paisajes terrestres y marinos es la diversidad de comunidades de personas que los habitan y que dependen de ellos para su subsistencia e identidad cultural.

Convertir desafíos en oportunidades

Cuba es un Pequeño Estado Insular en Desarrollo y la protección de sus ecosistemas costeros y marinos es un asunto estratégico, pues estos brindan la infraestructura natural y los servicios ecosistémicos que son fundamentales para la subsistencia y el bienestar del pueblo cubano.

Con los años, los ecosistemas de la región de Sabana-Camagüey se vieron afectados por prácticas poco sostenibles en sectores como la agricultura, la ganadería, la pesca y el turismo, que desempeñan una importante función en la economía local y nacional. Surgieron conflictos sobre los usos de la tierra y, con el cierre de las fábricas de azúcar en la década de 1990, muchas personas perdieron sus medios de vida tradicionales.

Ante esta situación, el gobierno de Cuba y sus aliados, con el apoyo del PNUD y el financiamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM), comenzaron a convertir los desafíos en oportunidades, utilizando soluciones basadas en la naturaleza. En 1993, se inauguró el primero de una serie de tres proyectos en Sabana-Camagüey para preservar los valiosos ecosistemas, dar prioridad a la biodiversidad en la planificación del desarrollo y erigir comunidades sostenibles.

Ciencia al servicio de la sostenibilidad

Las primeras iniciativas se enfocaron en realizar investigaciones científicas para comprender la biodiversidad y la ecología de este complejo ecosistema y en determinar las áreas prioritarias para la protección oficial. Lo que es más importante, se ha empleado el conocimiento científico adquirido para apoyar el desarrollo económico sostenible y mejorar la calidad de vida.

El paso fundamental consistió en establecer alianzas entre la comunidad científica, los sectores económicos clave, las autoridades competentes del ámbito de la conservación, autoridades de regulación, órganos de los gobiernos locales y las comunidades. Todo ello sirvió como plataforma de lanzamiento de proyectos posteriores, entre ellos, la inclusión de la biodiversidad en las operaciones de los principales sectores económicos.

Daniela de las Mercedes Arellano Acosta, que condujo dos de los tres proyectos en Sabana-Camagüey, comentó: "Fue un placer observar el progreso de las relaciones entre los distintos actores. Al principio casi se podía leer la mente de los productores diciendo: '¿De qué nos vienen a hablar los científicos ahora?' pero con el correr del tiempo, ellos mismos comenzaron a hablar sobre producción sostenible como si fuera algo en lo que siempre hubieran creído. Comenzaron a observar las pruebas tangibles de la creación de empleo y la generación de beneficios económicos, ambientales y sociales".

Consolidar la economía con el capital natural

Gracias al trabajo en los sitios piloto (incluidos los humedales de Ramsar), se introdujo una variedad de actividades de subsistencia compatibles con la biodiversidad, como por ejemplo, ecoturismo, agrosilvicultura, apicultura, gestión sostenible de la ganadería y el cultivo sostenible de ostras de mangle y esponjas naturales.

En los humedales otrora deteriorados, ahora los agricultores adoptan enfoques sostenibles para la cría de búfalos de agua para carne y leche, al tiempo que se restaura la condición de los humedales. En las zonas donde antes se cultivaba la caña de azúcar, los agricultores se dedican ahora a una variedad de cultivos, que cuidan con compostaje orgánico obtenido de criaderos de lombrices, y el uso de biogás para satisfacer sus necesidades de energía.

El resultado añadido de estos cambios ha sido la recuperación de la salud del ecosistema, con beneficios adicionales para la seguridad alimentaria y la prosperidad económica. Las mejores prácticas generadas en el ecosistema de Sabana-Camagüey ahora se han ampliado y replicado en otros sitios.

Del arrecife a la montaña

La labor que comenzó en el archipiélago de Sabana-Camagüey ofreció las bases a partir de las cuales Cuba, en alianza con el PNUD y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, generó un portafolio completo de proyectos interconectados y complementarios que abordan múltiples temas a lo largo de todo el país: una gestión mejorada de las áreas protegidas; la gestión sostenible de la tierra; un enfoque integral de la montaña al arrecife para la conservación de los ecosistemas; la protección de las cuencas hidrográficas de montaña; la gestión de especies exóticas invasivas; y enfoques basados en el ecosistema para la mitigación y la adaptación al cambio climático.

Pequeña isla, grandes resultados

"El efecto general de nuestra labor en Sabana-Camagüey fue iniciar un camino para hacer las cosas de un modo diferente, impactando desde la producción en el terreno, hasta las políticas. Hoy, tenemos un objetivo de mayor alcance para los recursos naturales y la naturaleza holística del ambiente y sobre cómo las decisiones nacionales pueden forjarse a partir de las lecciones aprendidas en el ámbito local. Siempre supe que esta pequeña isla podía producir grandes resultados", dijo Daniela de las Mercedes Arellano Acosta.

Con información de PNUD