Todos los años, las catástrofes producidas por el hombre y los desastres naturales causan enormes sufrimientos a millones de personas, que a menudo se cuentan entre las más pobres, marginadas y vulnerables del mundo. En la actualidad hay más de 27 millones de desplazados internos y 10 millones de refugiados en el mundo. Una de cada seis personas en el mundo padece hambre crónica. Los trabajadores que prestan asistencia humanitaria tratan de asegurar que todas las personas que han experimentado una situación traumática y necesitan asistencia vital la reciban, en cualquier lugar del mundo en que se encuentren y sin que importen su nacionalidad o el grupo religioso o social al que pertenezcan.
La mayor parte del personal que presta asistencia humanitaria son oriundos de los países en donde trabajan. En todas las respuestas de carácter humanitario participan de lleno competentes asociados locales, profesionales e independientes. Los trabajadores de asistencia humanitaria son nacionales e internacionales, hombres y mujeres, y representan todas las culturas, las ideologías y los orígenes. Sus motivos para prestar asistencia humanitaria son diversos, pero a todos los une su compromiso con las causas humanitarias.
A lo largo de muchos años, los trabajadores que se dedican a la asistencia humanitaria han confiado en la noción generalmente aceptada de que, para poder emprender su labor en cualquier lugar en donde se les necesite, deben contar con la protección de todas las partes interesadas. Sin embargo, se ha ido extendiendo cada vez más la percepción de que sólo organismos u organizaciones occidentales prestan asistencia humanitaria, y de que de alguna manera representan una única visión ideológica o religiosa del mundo. Se trata de una idea completamente errada, pese a lo cual se ha ido expandiendo con virulencia en muchas regiones del mundo. La peor manifestación de esta falsa percepción es el número creciente de ataques dirigidos contra el personal de asistencia humanitaria, que cada año cobran más víctimas fatales y heridos entre estos trabajadores. Esta situación perjudica sobre todo a los grupos más pobres y vulnerables de la población.
A los trabajadores que prestan asistencia humanitaria se les debe respetar y ayudar, no atacar. Afrontamos un futuro en que se necesitará más asistencia humanitaria. Si el personal dedicado a la asistencia humanitaria no tiene acceso pleno a los desamparados, cientos de miles de beneficiarios no recibirán la cantidad o calidad de asistencia que necesitan. La mejor manera de garantizar que los trabajadores que prestan asistencia humanitaria puedan cumplir su misión es promover la conciencia y el respeto por los principios que sustentan la labor de ayuda: humanidad, imparcialidad, neutralidad e independencia.