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Discurso de apertura de Navi Pillay, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y Presidenta del Grupo Mundial sobre Migración

Buenos días.

Me gustaría empezar aclarando que estoy aquí en Puerto Vallarta como Presidenta del Grupo Mundial sobre Migración. El Grupo Mundial sobre Migración es un consorcio formado por 14 agencias de las Naciones Unidas, así como por el Banco Mundial y la Organización Internacional para las Migraciones. Es decir, 16 agencias en total reunidas para fomentar la adopción de un enfoque más coherente, integral y mejor coordinado sobre los temas relacionados con la migración internacional.

La Presidencia del Grupo se turna a cada agencia, y mi organización, la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, estará presidiendo el Grupo hasta finales del presente año.

Es por eso que me he concentrado exclusivamente en los temas relacionados a migración durante mi estancia aquí. Planeo regresar a México el próximo año bajo mi título regular de Alta Comisionada para los Derechos Humanos en una visita oficial. Así que les pido por favor que sean pacientes si tienen preguntas sobre derechos humanos en general que no estén relacionadas con migración. Quiero darle a México la atención que se merece en un futuro muy cercano pero por ahora ese no es el propósito de esta visita en particular.

México es, como todos sabemos, uno de los principales países de origen de migrantes, especialmente hacia los Estados Unidos. Sin embargo, también es un país de destino y de tránsito para miles de migrantes provenientes del resto de Latinoamérica e incluso de lugares más lejanos. La creciente experiencia de México en estos tres aspectos de migración lo hace un anfitrión especialmente apropiado para el Foro Mundial sobre Migración y Desarrollo.

Por supuesto México no es el único país que está haciendo frente a la migración, la cual representa uno de los más monumentales retos sobre derechos humanos en nuestro moderno mundo globalizado. Actualmente, se calcula que cerca de 214 millones de personas viven fuera de su país de origen. La migración nos afecta a todos. Muchos países son a la vez países de origen, de tránsito y de destino. Las personas migrantes contribuyen al crecimiento económico en los países tanto en el de origen como en el de destino. Según el World Bank's Migration and Remittances Factbook 2011, se espera que el flujo oficial de remesas registrado sólo hacia los países en desarrollo alcance los 325 mil millones de dólares en el año 2010, sin incluir la importante cantidad de remesas para los países en desarrollo, de las cuales cinco se encuentran entre los principales 20 receptores de remesas de migrantes. Pero las contribuciones positivas de las personas migrantes van más allá del ámbito económico, ya que enriquecen a las sociedades a través de la diversidad cultural, de la introducción de nuevas prácticas, ideas y tecnología; fomentan el entendimiento y el respeto entre los pueblos y contribuyen al equilibrio democrático y a la fuerza de trabajo en las sociedades con población de edad avanzada.
Probablemente, el punto más importante en el que hay que hacer hincapié es el hecho de que las personas migrantes, ya sean regulares o irregulares, deben gozar de los mismos derechos humanos fundamentales que cualquier otra persona. Desafortunadamente y muy a menudo, no es así y eso es precisamente lo que buscamos rectificar.

Las personas migrantes en situación irregular se enfrentan a la discriminación, explotación y abuso mientras están en tránsito o en su destino final. Con frecuencia se les niega hasta la más básica protección laboral, las debidas garantías, la seguridad personal y los servicios de salud. En muchos países, las personas migrantes son detenidas de manera prolongada o maltratadas y en el peor de los casos esclavizadas, violadas, obligadas a prostituirse o incluso asesinadas.

Son blanco de los xenófobos y racistas, victimizadas por empleadores sin escrúpulos y predadores sexuales. Todas las y los migrantes son presa fácil de traficantes criminales y contrabandistas. Debido a la irregularidad de su condición, estos hombres, mujeres, niños y niñas tienen miedo frecuentemente y se ven imposibilitados para buscar protección y ayuda de las autoridades de sus países de origen y de destino final, así como a los países por los cuales transitan. Son parte de uno de los grupos más vulnerables que sufren de abuso en el planeta, y muchas veces este abuso pasa desapercibido. Las autoridades gubernamentales, los medios, el público en general actúan a menudo como si los abusos hacia las personas migrantes fuera menos importante que el de cualquier otro ciudadano, y no es así. Un niño es un niño, una mujer es una mujer, un hombre es un hombre: quién sea y dónde quiera que sea, en casa o fuera de ella.

Muy frecuentemente, y tal vez más ahora que nunca, los Estados tienden a resolver los problemas de migración irregular sólo a través de la soberanía, la seguridad fronteriza o el cumplimiento de la ley que algunas veces aplican las circunscripciones nacionales. Aún así, existe una gran evidencia que muestra que las personas migrantes ayudan a que las economías y las sociedades sean más dinámicas y prósperas. El terminar con la criminalización de las personas migrantes irregulares, reducir las barreras de circulación humana y expandir los canales para la migración regular de las y los migrantes podría traer beneficios considerables no sólo para las y los migrantes sino para la sociedad en general. Sin embargo, en vez de ser considerados como un potencial beneficio, las personas migrantes, especialmente aquellas en situación irregular, tienden a considerarse como una carga o un problema que debe pararse o evitarse. Son víctimas de la deshumanización y la violación de sus derechos se considera con demasiada frecuencia más o menos legítima, como algo que ellas mismas provocaron o que merecen.

A pesar de que los Estados tienen intereses legítimos en que sus fronteras sean seguras y en llevar a cabo ejercicios de control de inmigración, tales preocupaciones no sobrepasan sus obligaciones de respetar los derechos garantizados internacionalmente de todas las personas. Dichos derechos incluyen el derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad, el derecho a buscar y gozar de asilo, el derecho a un juicio justo y a atención jurídica, los derechos a la salud, alimento, vivienda adecuada y a condiciones favorables de trabajo. También incluyen los derechos de no ser arrestadas o detenidas arbitrariamente, no ser víctimas de discriminación, esclavitud, servidumbre o tortura involuntaria. Todos estos derechos están garantizados por los principales tratados internacionales sobre derechos humanos, así como por el derecho consuetudinario internacional.

Las violaciones de los derechos humanos en contra de las personas migrantes están a menudo muy relacionadas a las leyes y prácticas discriminatorias y al arraigado prejuicio y xenofobia que podemos encontrar en todas las sociedades. El principio de no discriminación es fundamental en el derecho internacional de los derechos humanos y es parte de todos los instrumentos internacionales sobre derechos humanos inspirados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

El derecho internacional es ambiguo: prohíbe el trato discriminatorio a las personas migrantes, ya sea que tengan una situación regular o irregular, y protege sus derechos y garantías. Ve a las y los migrantes como seres humanos como todos los demás.

Este año conmemoramos el 20° aniversario de la Convención internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares. Todos los miembros del Grupo Mundial de Migración, el cual represento el día de hoy, se unen al llamamiento a los Estados que no se han reunido para la ratificación de la Convención y la implementación segura de la misma. Tristemente, es una de las convenciones sobre derechos humanos con menos cantidad de Estados adheridos. Espero que el Foro Mundial sobre Migración y Desarrollo de este año ayude a estimular la ratificación de más Estados en este instrumento internacional tan importante que penosamente ha sido ignorado. Como hemos visto a lo largo del Foro Mundial, hay mucho que hacer si queremos rectificar el maltrato de millones de personas migrantes alrededor del mundo, pero el firmar la Convención dedicada especialmente a su protección sería un gran comienzo.

Gracias.